Un pequeño paso para el Kerbal...

Kerbal Space Program

Kerbal Space Program

Por @arsanchezq

Bill Kerman y yo lo sabemos: la misión fue un éxito. Tal vez la gente en Kerbin, nuestro amado planeta, sintió que apenas estuvimos unos minutos en el espacio exterior, pero Bill y yo sentimos que fue toda una vida. Y vaya que tenemos razones para sentirnos así; después de todo, Kerbal Space Program no es un juego que te trate con pinzas. Es duro, apabullante y brutal. Tanto así que me tomó cuatro intentos empezar a jugarlo.

Para describirlo adecuadamente, Kerbal Space Program es aquello en lo que Minecraft habría terminado si Neil deGrasse Tyson lo hubiera creado. En su capa más básica, KSP, al igual que Minecraft, es un juego de bloques infinitos. Mientras que en aquel juego utilizas pico, pala y hacha para construir o destruir cubos, en KSP unes bloques de distintas formas con el objetivo de crear un transbordador espacial y mandarlo a volar. En ninguno de los dos juegos aparentemente existe una receta –¡toda combinación es posible!–, lo que hace que cualquiera deseoso de aventurarse en ellos puede empezar a presionar botones y ver qué resulta. Sin embargo, en ambos también existe una riqueza de reglas y sistemas lógicos que gobiernan cada instante del juego; mientras que Minecraft parte de un caprichoso sistema de combinaciones (a veces incoherentes) para crear herramientas y materiales, Kerbal Space Program utiliza la Aeronáutica como base de sus creaciones, lo que implica que los descubrimientos fortuitos son prácticamente inexistentes. Después de todo, ¿qué clase de juego sino uno científico tiene 12 distintos tutoriales?

Kerbal Space Program

Kerbal Space Program

Cuando digo que tendría que decidir si dedicar mi tiempo a una maestría o a dominar Kerbal Space Program, realmente no digo una mentira. La profundidad del juego es una cubetada de agua fría tan pronto comienzas. El primer tutorial te explica cómo ensamblar un cohete básico: tienes el módulo de la cabina, un pequeño tanque de combustible, un propulsor y un paracaídas. Esa configuración es capaz de despegar, y el segundo tutorial te lo demuestra, pero eso no basta para ir al espacio. Por ello, hay un tercer tutorial, donde te enseñan a segmentar tu aeronave de tal manera que pueda deshacerse de piezas innecesarias una vez que alcance determinada altura. También te enseñan a revisar el centro de gravedad. Y a usar alerones para mantener el control. Al poco tiempo ya estás entrenándote en un dispositivo llamado NavBall que verdaderamente sigo sin entender, en cómo utilizar elementos duplicados para balancear el peso de tu nave, en cómo combatir la fricción, en sistemas de asistencia y… todavía no llevas ni la mitad de los tutoriales pasadas las cuatro horas de juego. Empiezo a pensar que debí haber elegido hacer la maestría.

Sin embargo, de pronto entro a la modalidad Career (una de tres disponibles, contando Sandbox, que es básicamente un planteamiento sin reglas ni objetivos y con todos los elementos de construcción disponibles desde el primer minuto; y Science, cuyo enfoque es hacer descubrimientos científicos en el espacio, obviamente) y KSP me atrapa. Después de un par de intentos en los que el paracaídas se desplegó trágicamente al mismo tiempo que los propulsores y la aeronave cayó en picada hasta el suelo, el valiente piloto Bill Kerman sube al tercer transbordador de mi carrera profesional y entre los dos logramos un despegue afortunado, un ascenso sin grandes contratiempos y un descenso mayormente relajado (pude haber aterrizado en el agua, de haber sido más talentoso). Tan pronto el pequeño Kerbal, como se les conoce a las criaturillas que pueblan el planeta del juego, sabe que aterrizó a salvo, empieza a aplaudir y yo no puedo sino hacer lo mismo que él. Nuestro vuelo apenas duró 10 minutos fuera del juego –algo así como una hora dentro del mundo del juego, supongo– pero yo siento que envié una sonda espacial que viajó por décadas en el espacio; finalmente, mis conocimientos de Aeronáutica light ahora me permiten enviar seres vivos al espacio. Toma eso, Dr. Neri Vela.

Muy a pesar de mi reciente e incondicional amor hacia Kerbal Space Program, he de admitir que no es fácil sentirse atraído hacia él. Desde luego, sus Kerbals son carismáticos y divertidos; son como el hermano guapo, inteligente y bien alimentado de los Minions (¡perdón por hacer este comparativo, queridos diseñadores de KSP, pero fue lo único que se me ocurrió!), pero el juego es demasiado… gris. Es como si el juego se hubiera metido unos Nembutales y viera todo en colores ni muy oscuros ni muy claros (especialmente en consolas, que es donde lo juego). Pardos como ropa de Suburbia. Es como jugar en un monitor monocromático de esos que tenían las computadoras viejas, en lugar de aprovechar un monitor 4K que tienes a un lado. Gráficamente, también está muy lejos de imponer un nuevo estándar. Y los tutoriales asustan hasta al más dispuesto: los menús parecen tener menús que salen de menús con más menús, mientras que los estúpidos Kerbals no paran de explicar en un solo tutorial con párrafo y párrafo y párrafo lo que tendría que haber aprendido en todo el primer semestre de mi maestría en Aeronáutica. Controlar el puntero utilizando un mando de PlayStation también requiere de un curso profesional… No me culpen por abandonar la carrera espacial tres veces antes de comprometerme de lleno.

Sin embargo, una vez rebasados los primeros minutos del primer tutorial, todo cambia de color. Bueno, los colores pardos se siguen pardos el resto del juego pero la incapacidad de Kerbal para sorprender con su recubrimiento estético (sus gráficos, pues) desaparece al momento de darte cuenta de todo lo que ocurre detrás de esos gráficos. ¡Es un simulador espacial! ¡Estás lanzando un cohete a la estratosfera y, por tanto, el juego tiene que calcular múltiples variables para determinar qué le sucedería a esa caprichosa construcción al llegar a la estratosfera! ¿Gráficos? Cuando uno está en órbita y ve desde lejos el diminuto y esférico planeta Kerbin a lo lejos, los gráficos pasan a segundo término. Después de todo, ya lo dijo David Bowie: “…And the stars look very different today”.

KSP, Kerbal Space Program

KSP, Kerbal Space Program

Actualmente mi carrera espacial ha tenido más de 14 misiones exitosas. Sí, todas han sido bastante parecidas entre sí, pero en cada lanzamiento tengo un transbordador más grande, con más combustible, mejor planeado y capaz de llegar más alto. Mañana enviaré un transbordador con dos tripulantes. Planeo llegar a Mün, el equivalente a nuestra Luna, en las próximas semanas. Nací para esto. Por un momento me siento desperdiciado mientras juego frente a la pantalla; ¡debería estar prestándole todo este talento a la NASA (después de todo, el juego dispone de misiones directamente propuestas por la NASA)! Pienso en cómo equipos de carreras se han valido de videojuegos para entrenar a pilotos profesionales con situaciones hipotéticas en pistas reales y me imagino caminando por el puente hacia la cabina de un transbordador, casco en mano, gesto adusto y cámara lenta. “Five, four, three, two…” De pronto, en mi pantalla veo cómo la cápsula del heroico Bill Kerman se prende en llamas al regresar a nuestro planeta, el paracaídas de la nave queda incapacitado para activarse y la cápsula se estrella a gran velocidad contra la superficie de Kerbin.

Creo que es momento de hacer los seis tutoriales que me faltan.

@arsánchezq